Se le ve
entrar al estadio Municipal de Calama entre aplausos. No hay presente ningún
hincha del equipo que dirige pero lo ovacionan igual al escuchar su nombre por
los altoparlantes. Al técnico de Santiago Morning se le respeta. Quizás por su
trayectoria, quizás porque fue distinguido por los “zorros del desierto”, como
le dicen a la gente de Calama, como un zorro más: el “Clavito” es un viejo
zorro, uno de los pocos que va quedando en el fútbol nacional.
Por
Juan Pablo Chávez González
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| latercera.com |
16:33 horas del domingo 27 de
noviembre. Hernán Godoy celebra por estar salvando a su equipo del descenso en
la difícil cancha de Calama. Una hora y media después, el mismo protagonista
encara furibundo al árbitro luego de que Alejandro Zúñiga hiciera el gol que
mandaba a la segunda división al “Chago”. El réferi fue Julio Bacuñan, el mismo
que semanas antes expulsó a Luis Rogel, arquero de Cobresal, y que éste en su
reacción le lanzó improperios en alusión a la relación con su señora. “Le tuve
que decir que era “gorriao”. Estaba perdiendo 10 millones de pesos por el bono
que me daban por salvar al equipo del descenso. ¡Eso es mucha plata!”.
El
árbitro lo expulsó, era de esperarse. Cojeando por su eterno problema a los
tobillos se fue al túnel. Ya no podía hacer nada, ni siquiera ver el término
del partido. Lo intentó pero no pudo. El fútbol es así, concreto, a veces se
sube y a veces se baja. Al “Clavito” le tocaba estar en el túnel: el túnel del
descenso.
Son más de 50 años en
el ambiente del fútbol. Debutó a los 16 años marcando 5 goles en su debut con
La Serena. Como jugador fue delantero centro, a pesar de ser bajito. Pasó por
varios clubes chilenos, llegando a Centroamérica y Colombia, donde lo pilló la
guerra del fútbol y unas guerrillas entre países. Fue goleador dos años
seguidos en Centroamérica. Se fue a probar suerte con 20 dólares y volvió con
20.000. “Dormía arriba del banco para que no lo asaltaran”.
Era delantero neto,
destacando por su gran salto y cabezazo. Un secreto: en la infancia jugaba
basquetbol y fútbol, lo que le permitió tener un gran rechazo al momento de
saltar a cabecear. Perfeccionó su cabezazo, y con 1.60 metros de estatura aproximadamente,
no se achicó frente a defensas espigadas y mucho más altas que él. “No tenía
nada que envidiarle a Zamorano”.
Eso es lo que más se
destaca a lo largo de su carrera, tanto como jugador y como técnico: su
guapeza.
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Llegó un punto en el
que las infiltraciones, término al que se le denomina cuando un futbolista
juega lesionado, le jugaron en contra. Don Hernán, guapo como pocos, se ponía
dos o tres inyecciones y saltaba a la cancha sin medir consecuencias. Un día se
levantó al baño y cayó desplomado. Terminó con artrosis crónica en sus dos
tobillos y eso apresuró su retiro del fútbol.
Tenía que operarse los
dos tobillos pero le aconsejaron que se operara uno primero para que pudiera
caminar. -No. Opéreme los dos al tiro-, fue la respuesta que recibió el doctor.
Fue por eso que durante un año completo don Hernán tuvo que dejar de lado la
pizarrita para hacerse amiga del “carrito”: ese que lo ayudó a arrastrarse por
toda la casa mientras los 20 puntos de sutura de cada pie sanaban. Ojo, en ese
tiempo la operación era sólo con bisturí, nada de rayos laser ni tecnología de
ahora. Un guapo, valiente como pocos.
Y luego de esto fue
como el “Clavito” comenzó a dirigir. Su primer club lo tomó a mediados de los
70 y de ahí no paró más: hasta la fecha ha dirigido 35 equipos.
Llegó a dirigir
combinados en Estados Unidos y Guatemala. Pero el club que más llama la
atención es el Mitra Kukar de Indonesia. “Por el internet los dirigentes veían
la pizarra. Querían contratar al hombre de la pizarra y así llegué a Indonesia.
Me adapté, estudié el idioma y tenía un jugador uruguayo que también fue mi
ayudante. Fue una linda experiencia”.
La pizarra del
“Clavito” es algo que lo representa. Es su fiel compañera. Por medio de ella
les transmite a sus pupilos las técnicas, movimientos y todo lo necesario para
afrontar un partido. Es la encargada de desnudar al rival.
Don Hernán es choro,
no aceptas “pavos” en el equipo y si no le gusta la actitud de algunos de sus
jugadores, no duda en sacarlos. Así sucedió en el partido de definición en
Calama. A todos los argentinos, entre ellos el jugador más caro del plantel,
los dejó en Santiago y viajó sólo con los que tenían cierto compromiso. “Son
unos ladrones, sinvergüenzas que viene a puro robar. Prefiero perder con los
jugadores jóvenes que con esos ladrones”.
El descenso del
“Chaguito” se veía venir. Es una clara analogía con la labor de un doctor. El
doctor tiene que salvar al enfermo y hacer todo lo posible por ayudarlo. No le
puede decir al paciente que se va a morir, aunque se vea muy difícil poder
salvarlo. El “Clavito” hizo todo lo posible para salvar a este paciente
moribundo, aún con diferencias claras dentro del equipo. “Los argentinos pasaban
lesionados, habían jugadores que alegaban porque la cancha de entrenamiento
quedaba muy lejos y otros que al momento de tocar el silbato ya estaban en sus
autos”. Así y todo, don Hernán estuvo a punto de salvarlos de los potreros.
Cojeando llega al
hotel Panamericana, ubicado en Providencia, a dar una charla a dirigentes y
técnicos de clubes amateurs de la comuna de Estación Central junto a Ángelo
Correa Díaz, uno de sus biógrafos. Viene elegante, con una camisa palo rosa,
corbata que combina, zapatos brillantes de color café y terno beige donde no se
deja ver ninguna mancha. Su peinado es caso aparte. Se puede ver su pelo hacia
el lado casi perfecto. Tiene cara de cansado, pero se le ve contento. Trae
consigo una mochila invisible: allí lleva toda la picardía, “choreza” y
humildad. En su equipaje de mano, también invisible, trae consigo la gran
experiencia acumulada a lo largo de todos estos años.
Dentro del salón son
casi todos entrados a la tercera edad. El “Clavito” los entretiene. Se
multiplican las risas cada cierto rato. Don Hernán es la experiencia que
camina. Su particular estilo lo ha llevado a ser un caso llamativo dentro del
fútbol nacional. No anda con rodeos, es directo y de una sola línea. No se
achica ni con dirigentes ni con jugadores. Menos con árbitros. La experiencia
lo avala: tiene 70 años y sigue tan vigente como antes.
Existe una gigantesca
diferencia entre los jugadores antiguos y los de ahora. El “Clavo” jugó por
amor a la camiseta, nunca leyó un contrato y dice que siempre lo “hacían leso”.
Ahora los jugadores juegan por los millones. Si les duele un poquito la pierna
no juegan el fin de semana y lo que es peor, la camiseta es algo secundario, lo
que en épocas de don Hernán era casi impensado. Sus dos pasiones son verdes:
Santiago Wanderers y Audax Italiano.
Como técnico se hizo
una fama que para él es totalmente injustificada. “El periodismo antiguo me
trató de “pichicatero” (“pichicatear” significa, en términos futbolísticos,
darle a los jugadores drogas en beneficio de obtener mayor rendimiento en la
cancha). Y no existe nada de eso. Yo revolucioné el fútbol entrenando en la
mañana y tarde. Entonces así los jugadores no alcanzaban a irse a un motel”.
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Hizo el curso de
técnico en Chile, estudió pedagogía en francés y se perfeccionó en Europa.
Aprendió mucho gracias a que Audax Italiano lo mandó a ver los entrenamientos
del club A.C. Milán, un todopoderoso de Europa. Con tanta experiencia y tanto
perfeccionamiento, al “Clavito” no le molesta dirigir un equipo de segunda, ni
menos tomar al colista del torneo para tratar de salvarlos. Esos son los
desafíos que se caracterizan en él. “Dirigir un club grande es fácil: lo
diriges por teléfono. En cambio, dirigir equipos chicos es difícil. No tienes
donde entrenar, la cancha está mala, no hay agua en los camarines. Eso es lo
difícil”.
Luego de una 1 hora y
15 minutos de charla, el “Clavito” culmina su exposición. Todos escucharon
atentos lo que decía este gran personaje. El encargado de presentarlo regala a
los espectadores un libro con la biografía de Julio Martínez, otro “viejo
zorro” pero en el ámbito del periodismo. Mientras los señores de edad esperan
con ansias ser llamados para recibir sus libros, don Hernán se sienta junto a
su biógrafo y se le hace un pequeño círculo de gente a su alrededor. El “Clavo”
no pone ninguna mala cara, menos un gesto de menosprecio. Firma todas las
dedicatorias que le son solicitadas y se saca todas las fotos con señores
incluso más longevos que él. Fueron cerca de 30 minutos los que estuvo el
“Clavito” firmando cuadernos y tomándose fotos con todos.
El power point con el
cual hizo la exposición don Hernán fue retirado inmediatamente luego de
culminar la exposición. Sin embargo, la penúltima diapositiva dejó una frase
rondando entre las cuatro paredes del salón: “El éxito no es el destino, sino
que es parte de tu camino”.
Don Hernán Humberto Godoy
Veliz sigue construyendo su camino a pesar de su edad. Está cuerdo y con ganas
de seguir dirigiendo aunque Santiago Morning los cesó de su cargo. El “Chago” fue
un club más, una historia más, un tropezón más.
Sin lugar a dudas que
los aplausos de “los zorros del desierto” ese fatídico domingo en el Municipal
de Calama se los tiene más que ganados: Don Hernán es el “viejo zorro” de
nuestro balompié nacional.