“Ojalá tuviera a 10 Mena más en el equipo”. Palabras del actual técnico de la selección chilena Claudio Borghi en una época que fue gloriosa mientras dirigía a Colo Colo (2006-2007). Además de destacar la responsabilidad de Luis Mena Irarrázabal, le dedicó palabras al esfuerzo que ofrecía el zaguero en cada entrenamiento. A pesar de los años, esas palabras todavía tienen peso. Hoy sigue siendo un símbolo para el plantel, aunque muchos ya lo quieren retirar a sus 32 años. “Cuando cueste levantarme en la mañana, pensaré en el retiro. Hoy en día todavía me levanto con ganas de ir a entrenar”.
Por Juan Pablo Chávez
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9:05 minutos de
partido, 16:11 horas exacta del domingo 20 de noviembre del 2011. Luis Mena se levanta
de su asiento para hablar con Ivo Basay, su ex compañero y ahora jefe. Tiene
que entrar, no queda otra luego de la lesión del paraguayo Nelson Cabrera. Va
con la 3 en la espalda, la que no suelta hace más de 12 años y está vestido de
blanco entero: camiseta con el indio en el pecho, short y medias a tono con
zapatos naranjo y amarillo. El amarillo de su calzado le combina con la melena y sus largas pestañas; el celeste brillante de
sus ojos combina con el estadio, donde Iquique utiliza el celeste en el
uniforme de sus jugadores. La cancha es el estadio Tierra de Campeones, tierra
de “Luchito”: un multicampeón incombustible que a pesar de los años se mantiene
en el equipo más popular del país.
El día anterior, en el
entrenamiento, Luis vestía de rojo entero hasta que le entregaron un peto. Eso
le decía, indirectamente, que no iba de titular contra Iquique. Lo asumió ya
que tiene claro que a pesar de no jugar, él es un pilar fundamental para el
plantel y para el club. En pocas palabras, un referente.
El técnico Basay
practicaba el bloque defensivo y Mena tenía que vestirse de atacante, como
todos los suplentes. Hacerle un gol a Francisco Prieto era la consigna.
Un dato interesante:
era el único con las medias hasta la rodilla, como se hacía antes, a la
antigua. Luis Mena es de otra generación.
Dentro de los 10
minutos que los suplentes estuvieron chutando tiros libres, sólo un balón logró
ingresar a la meta del cancerbero: “Luchito”, con impecable derechazo, colocó
la pelota en el ángulo derecho donde no pudo llegar el nuevo arquero titular, a
pesar de lo magnifica que fue su estirada.
-Rambo, viste como se
tiró este hueón. Se tiró así, mira.
Le decía “Menita” un
rato después al preparador de arqueros, Marcelo Ramírez (ex compañero de equipo
por 6 años), junto al nuevo guardameta titular en una conversación luego de
terminado el entrenamiento. Se levantó del césped y se dejó caer como saco de
papas, con burlescos gestos de exageración atrapando la pelota que Francisco no
pudo atajar en el tiro libre anterior.
Rumbo al camarín, que
se encuentra al otro extremo del lugar donde entrena el equipo, Luis saluda a
todo el mundo. A los cancheros, al que está regando el pasto y a todo
desconocido que le hace un giño. No así como algunos compañeros, que al ver un
curso entero corriendo detrás de ellos, hicieron los mejores regates y
enganches para escapar de los chicos: ninguno de los pequeños tuvo un gesto de estos dos “profesionales”. Luis Mena
es todo lo contrario a esos dos jugadores. Él saluda de igual manera al gerente
técnico de su institución como a la señora que va todos los días a ver a
Esteban Paredes. Es un futbolista atípico, fuera de lo común. No escucha
reggaetón, no tiene bling bling ni se destaca por el auto último modelo.
Quiéralo o no, él es un futbolista de otra época.
–Buenos días, ¿cómo
están?
Les dice a los
periodistas que están esperando la conferencia de prensa de su técnico, en el
cual confirmará lo que se vio en el entrenamiento: Luis Mena va a la banca y
Francisco Prieto, su amigo, va de titular.
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Se ve que no le
molesta nada: autografió los cuadernos de todo el curso que andaba de viaje por
Santiago y que minutos antes dos de sus compañeros dejaron sin su rúbrica. No
le importa mucho subirse al bus sin haberse bañado. Para él es más importante
dejar contenta a la gente.
No es el mejor jugador
que ha vestido la camiseta de Colo Colo. Tampoco es el jugador más técnico, ni
está ahí por sus goles o sus gambetas. No fue el fichaje más caro ni tampoco
fue la revelación del torneo. Luis Mena está ahí por ser siempre igual dentro y
fuera de la cancha. Pasan jugadores, pasan cuerpos técnicos, pasan dirigentes y
el rubio platinado sigue en el equipo.
En algún momento sí fue
el mejor, cuando en una prueba masiva de Colo Colo, el pequeño Luis de 8 años
le ganó a más de mil chicos el privilegio de vestirse de blanco. “De la prueba
que fui quedamos sólo 2. El otro ya se retiró y yo sigo aquí. Y espero seguir
por mucho tiempo más”.
La
labor de Mena es evitar lo más hermoso del fútbol: el gol. Es el enemigo
directo de los enganches, las gambetas y los túneles. Y se siente orgulloso de
eso. No por ser el enemigo de lo bonito quiere decir que lo que él hace sea
feo; todo lo contrario. La caballerosidad es su carta de presentación. Dentro y
fuera de la cancha, la nobleza se le nota hasta en los momentos más difíciles.
Mirarlo
a él y mirar lo que representa es una imagen que se contrapone. Luis es emblema
del club popular y de la gente de barrio. Incluso el símbolo es un indio, con
los característicos rasgos de un indígena. Luis, por su parte, es el antónimo:
tiene imagen de ser extranjero, sus ojos de color brillan mucho y son grandes,
sus pestañas son largas y su melena se encuentra más corta de lo habitual, no
le alcanza para tomársela y le resalta un gran rulo por detrás de su oreja izquierda,
todo de color amarillo. Con eso derriba el mito: es rubio natural, rubio de
verdad.
El
rulo se le ve en la transmisión del partido por el Canal de Fútbol, Luis lo
moja mientras escucha las palabras de su técnico. Nueve minutos luego de haber
ingresado se gana la amarilla por una falta en el círculo central de la cancha.
Claramente, cuando sale de su hábitat se siente indefenso, inseguro. Todo sirve
para impedir el gol, todo sirve para que él se convierta en un héroe. Tuvo
trabajo la primera media hora de partido ya que todos los ataques del equipo
rival fueron por su lado. El resultado: ningún gol. “Luchito” es eficiente.
Colo Colo tuvo 3 tiros libres, ninguno lo
pateó él a pesar de haber sido el único que celebró el día anterior mediante
ese expediente. Él no es el encargado de esas cosas. Está ahí para despejar,
para cortar las buenas jugadas, para cerrar las piernas y evitar los túneles,
esos tan humillantes que son para cualquier jugador.
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| Luis Mena y Cristian Bogado disputando el balón. |
Su claro enemigo dentro del encuentro es Cristian
Bogado, un delantero paraguayo corpulento de gran potencia física y muy eficaz.
Esa tarde en el norte es el pelado Bogado, pero durante su carrera tuvo que
enfrentarse a monstruos del fútbol mundial. Entre ellos está Ronaldinho,
Robinho, Luciano Galletti, Marcelo Salas, Martín Palermo y una gran cantidad de
jugadores más. A veces perdió, a veces ganó, pero de todos los enfrentamientos
él dice seguir aprendiendo. “Siempre saco lo positivo de todo. Lo bueno de los
partidos, lo positivo de mis compañeros y sobre todo lo que cada entrenador que
llega nos enseña. De todos se saca algo que ayuda a mejorar día a día”.
Llega el minuto 77 del
encuentro en Iquique. Colo Colo va perdiendo 1-0 y “Menita” ha tenido largo
trabajo durante todo el encuentro. Frente a él está el goleador del partido,
Álvaro Ramos, y trae la pelota ya habiéndose pasado a dos jugadores de blanco. Mena
le cae encima, es su enemigo de turno y tiene que impedir que el balón le
llegue a su arquero. Le va mal: luego de dos enganches, Luchito le cree el
quiebre de cintura del movedizo jugador y cae sentado al suelo. Está pasado,
Ramos va directo al arco cuando de repente Luis mete la cabellera rubia, esa
que está más corta de lo habitual y que tiene un rulo detrás de su oreja
izquierda. En palabras futboleras, el “3” albo ha trancado con la cabeza. La
recuperó y 2 minutos después su compañero Mario Salgado ha hecho el gol del
empate. Nadie lo vio. Su trabajo nadie lo ve. Se encarga de que las estrellas
de los equipos rivales no brillen. Y eso nadie lo destaca.
Él sigue tranquilo,
trabajando bajo la sombra sabiendo que a la vuelta de la esquina está el
retiro. Dice saber que Chile está lleno de chaqueteros, que a los ídolos de acá
nadie les reconoce nada. Mientras él juegue, seguirá siendo uno de los
referentes del equipo e ídolo para la gente. Después de eso nadie sabrá. Nadie
piensa en el después pero hoy en día “Luchito” Mena, el toqui rubio, sigue
callando bocas a punta de sudor y trabajo. Ese trabajo que lo ha hecho ser uno
de los jugadores más exitosos del medio y que incluso sabiéndolo, no se le han
subido los humos a la cabeza.
Termina el encuentro.
Colo Colo ha empatado en una irregular campaña. A pesar de eso, un jugador se
retira con la cabeza en alto como un caballero, bajo los aplausos de los
forofos colocolinos. Luis Mena sale del Tierra de Campeones. Tierra familiar.
Su tierra. Un campeón. Multicampeón.



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